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Rasca Rascaaa!!=)

Other Love Story

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Sad Love Quotes

sábado, 15 de mayo de 2010

Capítulo 34 (Maggie)

Time is ticking and we can't go back, my oh my. You keep watching from your picket fence; You keep talking but it makes no sense. You say we're not responsible, but we are. You wash your hands and come out clean. Fail to recognise the enemies within; you say we're not responsible, but we are...No answers for no questions asked. Lining up for the execution without knowing why... Breaking the rule and breaking the soul. What about the world today? What about the place that we call home? We' ve never been so many and we've never been so alone.... So alone...

We Are - Ana Johnson









Mientras Alec me llevaba de la mano hacia aquel lugar desconocido por mí, yo me preguntaba cuál sería. A medidad que caminábamos, hablábamos de cosas sin importancia, como cuál era mi color favorito, mi asignatura preferida, mi chico ideal, qué hacía en mi tiempo libre, dónde pasaba las vacaciones...

Él paró de repente, haciendo que me chocara con su brazo.

- Ya hemos llegado.

Me quedé sin palabras. Era hermoso. Estábamos en un parque rodeado de árboles y flores, al que no acudía nadie. Era solo para nosotros...

- Es... Es precioso, Alec.- comenté entusiasmada, corriendo hacia los bancos de madera. Nunca habría imaginado que en Eugene, un sitio donde prácticamente todo el día llueve, hubiera un sitio al aire libre que reuniera praderas, flores, árboles... Era como un sueño.

- ¿Ves? Sabía que te iba a gustar.- comentó alegre él.- Ven, tengo que enseñarte algo.

Me volvió a coger de la mano y me condujo por la pradera hacia un pequeño árbol donde había una flor de colores rojizos hermosa. Era la primera vez que veía una igual.

- Solo florecen cada 300 años... Pero merece la pena volver a verlas.

- Es preciosa, Alec. Me ecanta. Me alegro que me la hayas enseñado...
- Espera- ordenó él, cuando iba a preguntarle algo.


De la flor comenzaron a formarse pequeñas motas de ámbar en forma de estrella, mientas la flor iba madurando cada vez más rápido e iba perdiendo su color hasta convertirse en blanco y negro. Parecía igual de suave, y confirmé mis pensamientos cuando Alec me cogió de la mano y me hizo tocarla. Alcé las cejas de asombro. Una flor que parecía haberse quemado, pero que estaba exactamente igual que antes.

- Húelela.

La olí. Tenía un olor muy peculiar, a rosas mezcladas con agua. Pero me encantaba.

- Espera.- volvió a decir.

Mientras los dos observábamos la flor con suma atención, ésta comenzó a desintegrarse, dejando en su lugar un pétalo azul aguamarina, uno de mis colores favoritos, rodeado de unas gotas de agua.

- Cada 3 siglos el color del pétalo es distinto.- me explicó.

Era increíble, simplemente increíble. No podía creer lo que estaba viendo... Tan precioso...

- ¿No lo coges?- fue lo único que pude decir.

Cogió el pétalo a la vez que las gotas caían hacia el césped lleno de flores, y, con varios movimientos de mano, lo transformó en un collar de este mismo color.


El collar era precioso, y además de tener una piedra de color aguamarina, ésta estaba rodeada por un cuadrado lleno de diamantes.

- ¿Cómo has h...?- comencé.

- Simple magia que se practica con el tiempo.- me sonrió, y, a continuación, alzó el collar.- ¿Te importa si te lo pongo?

- No, claro que no.- le sonreí mientras le daba la espalda.

Al ponérmelo noté su respiración en mi nuca, haciéndome cosquillas.

- Precioso.- murmuró, y su aliento rozó mi oreja.

- ¿Sí? Muchísimas gracias. Ha sido alucinante. Todavía no me puedo creer que hayas hecho algo así. - comenté impresionada, mientras volvía mi cabeza hacia sus ojos.

- Me alegro que te guste. Y, ahora, como ya has visto todo lo que te quería enseñar, ¿qué te parece si vamos a comer algo? No se tú, pero yo me muero de hambre.- propuso, haciéndome reír ante el comentario.

- ¿Pero no eras inm...?- me tapó la boca mientras miraba hacia los lados con cautela.

- Mag, no digas esa palabra en voz alta. Hasta el viento posee oídos.- asentí.- Y sí, a pesar de eso como, aunque en menor cantidad.

- Ahh...- fue lo único que dije como respuesta.

LLegamos a un restaurante llamado La Bella Italia. Siempre me había gustado venir aquí, aunque con el trabajo tan ajetreado que tenía mi padre nunca había tenido tiempo ni de siquiera mirarlo de lejos. ¡Y hoy al fin iba a entrar a comer!

- ¿Te apetece algo de pasta para comer?- asentí llena de alegría. A veces me preguntaba si Alec me leía el pensamiento, si los dioses le habían proporcionado ese poder para usarlo... Él sonrió cuando contesté.

- Entonces por mí no hay ningún problema.

Íbamos a entrar, pero una voz extrañada sonó a nuestras espaldas.

- ¿Margaret?- preguntó, unas octavas más alto de lo normal. Nos giramos, y vimos un chico de más o menos mi edad, con unos ojos azules incrédulos y una sonrisa a la vez contagiosa. Tenía el pelo de un color castaño anaranjado y rubizo, pero casi no se distinguía nada más que los reflejos rubios. Nada más pronunciar mi nombre corrió a abrazarme.- ¿Dónde te habías metido estos últimos años? ¡¡No puedo creer que te fuiste sin decirme nada!!- exclamó entre indignado y alegre, mientras unas lágrimas caían de sus ojos a mi piel. ¿Pero qué me estaba contando? ¡¡A este tío no le he visto yo en la vida!! Y en cambio él... Me trataba como si fuéramos íntimos. Le dirigí una mirada explicativa a Alec, quien se encongió de hombros, pero no sin antes tensársele las comisuras de los labios mientras le miraba. Me aparté de los brazos de aquel desconocido despacio e intenando poner mis pensamientos en orden.

- Hola... Esto... - miré de un lado a otro nervisa- ¿Quién eres?- mi pregunta le cayó como un jarro de agua helada y una patada en el estómago.

- ¿No me recuerdas?- preguntó con un hilo de voz.- Soy Caleb. Es imposible que no me recuerdes.

- Emm... pues.... eh.. No, lo siento, pero no te recuerdo. No me suenas de nada.- él asintió y miró a Alec con una cara llena de ira.

- ¿¿¡¡¡LA HABÉIS HECHO ALGO, A QUE SÍ!!!?? ¡¡¡MALDITOS CERDOS!!! ¡¡SABÍA QUE NO PODÍAMOS CONFIAR EN VOSOTROS POR MUCHO TIEMPO!!- gritó fuera de sí.

- Yo no la he hecho nada.- contestó entre dientes el aludido indignado.- Ella no recuerda nada porque no quiere, simplemente.

- ¿¿¿¡¡PERO CÓMO NO VA A QUERERME RECORDAR, DESGRACIADO!!??? ¿¿¿¿QUÉ LA HABÉIS HECHO????

- Te lo repetiré 8000 veces si hace falta: ¡¡NOSOTROS NO LA HEMOS HECHO NADA!!- gritó.

- ¡¡¡¡PARAD!!!!- exclamé yo, intentando que mi voz sobrepasara las suyas.- ¿¿Se puede saber qué narices os pasa a los dos?? ¡¡Estamos en un lugar público por si no lo sabíais!! ¡¡Y tooda la gente nos está mirando!! Así que- continué, mientras bajaba el tono de voz-, habláis en voz baja y como personas civilizadas, si no os importa.

- Ya basta, Caleb- dijo una voz serena y femenina a mis espaldas. ¿Por qué toda la gente que conocía tenía que aparecer detrás mía?, pensé.- Ellos no han hecho nada para pelearnos aquí...

- Daphne- suspiró-, ¿No te había dicho que fueras a jugar con los otros niños?- reprochó a una niña de 8 años, de pelo rubio cobrizo y unos ojos grises azulados intensos.

- No me caían bien. Y prefería dejarles descansar en paz.- replicó. Ella se fijó en Alec, pero a mí no pareció verme aún. Yo estaba detrás de Caleb.- ¿Y tú quién eres? ¿Otro creado más?- bufó.- Por el cielo, no hemos hecho nada. Ni tan siquiera roto las reglas.- para ser una cría hablaba con una voz bastante segura y madura.

- Daphne...- se apartó, dejándome a mí frente a ella. Daphne abrió los ojos como platos, mientras unas lágrimas emanaban de sus ojos. Y me abrazó.

- ¿Se puede saber qué os pasa a todos con eso de abrazarme?- murmuré para mí, aunque ellos debieron escucharme. Daphne se levantó de un brinco, como si la hubiera quemado, y miró a Alec acusadoramente.

- ¿Qué la has hecho, creado?- preguntó con una voz serena, aunque afilada que me hizo estremecer. Alec resopló.

- ¿Cómo os lo tengo que decir? ¡Yo-no-hice-NA-DA!- replicó él, aunque segundos después que ella le volvió a mirar, él estaba gritando y arrastrándose por el suelo.

- Lo volveré a preguntar... - comenzó Daphne.- ¿¿QUÉ LA HA PASADO??- gritó, mientras yo veía con lágrimas como Alec suplicaba que el dolor parase. Sin controlar mis movimientos me arrodillé junto a él mientras le pasaba una mano por la cara sudada y agonizante.

- ¿Qu-- Qué te pasa?- balbuceé. En estos momentos no podía hablar prácticamente.- ¿Es...estás bien? ¿Llamo a una ambulancia?

- D--dila.. qu--e p..pare- murmuró él.

- ¿Qué? ¡Para!- grité, a nadie en concreto. De repente él se quedó en el suelo respirando con dificultad.- ¿Mejor?- le dije. Él solo asintió.

- ¿Por qué le defiendes? ¡¡Es un traidor!!- gritó la pequeña, mientras me miraba a los ojos.

- ¿Traidor?- repetí.- Él no es ningún traidor.

- ¿¿ES QUE NO LO VES??- gritó Caleb.- Te ha borrado la memoria.

- No me ha hecho nada.- murmuré entre dientes.- ¿Quiénes os creéis para decir ese tipo de cosas?- ellos tardaron un poco en responder.

- Somos tus hermanos...

jueves, 13 de mayo de 2010

Capítulo 33 (Alec)

I’m a satellite heart, lost in the dark... I’m spun out so far. You stop, I start. But I’ll be true to you. Don’t you see it’s wrong? Can’t you get it right? Out of mind and outta sight... Call on all your girls, don’t forget the boys; put a lid on all that noise! But I’ll be true to you, no matter what you do...I hear you’re living out of state, running in a whole new scene! You know I haven’t slept in weeks, you’re the only thing I see... I’m a satellite heart, lost in the dark... But I’ll be true to you, no matter what you do...


Satellite Heart- Anya Marina








Explicar a Maggie nuestra naturaleza era más difícil de lo que jamás había podido imaginar. No porque fue una tonta, o no entendiera lo que estaba contando, sino porque ni siquiera sabía cómo decírselo.

Intenté aclarar mi mente, y, finalmente, comencé.

- Bueno... En realidad nosotros no somos dioses, ni semidioses... ni nada parecido. Somos creados, como antes Adara había dicho a Meygan. Somos inmortales... Podemos vivir por siempre, y sólo hay una forma de destruirnos... Es una piedra llamada indigolita, proveniente de la familia de las turmalinas. La mayoría de la gente asocia este nombre a las musas... Ellas nos crearon...


Nos hicieron un tatuaje con este material fundido, y nos dibujaron dos dibujos: uno que simbolizaba nuestra apariencia humana, y que tenía esta forma... - me remangué la manga de la sudadera y le enseñé una pequeña marca con forma de I, y que casi formaba un cuadrado, exceptuando porque le faltaba un lado. Ella lo miró impresionada.

- ¿Y no se borra?- preguntó con curiosidad.

- No. Nunca. A menos que utilicemos la piedra de la que te he hablado antes... La indigolita.

- ¿Pero entonces c...?- comenzó, pero la interrumpí.

- Espera a que acabe y entonces me preguntas lo que quieras....- ella asintió.- Como iba diciendo, nos hicieron dos tatuajes: uno el que te acabo de enseñar, y el otro tenía la forma de una llama de fuego, como representación de la sabiduría que iríamos adquiriendo con el tiempo.- ella me miró con el ceño fruncido, cosa que me hizo gracia.- Maggie, ten en cuenta que los dioses llevan exisitendo siglos, aunque no los veamos... Nosotros fuimos creados hace miles de años... Obviamente hemos adquirido sabiduría suficiente. Ni siquiera necesitamos ir al colegio...- ella abrió la boca, pero instintivamente la cerró. Yo la sonreí.- Bueno... Y ahora les servimos en todos los trabajos que ellos nos ordenan que hagamos... Creo que básicamente es eso... Puedes preguntar lo que quieras.- ella me sonrió, y comenzó a preguntarme con interés:

- ¿Pero qué pasa con esa piedra... la indigi...

- Indigolita.- corregí.- ¡Oh, es verdad! Se me había olvidado contártelo.- asintió, al igual que yo.- Bueno... únicamente existe una forma de destruirnos... o más bien de convertirnos en mortales y después matarnos. Tienes que volver a fundir esa piedra y poner el líquido en nuestros tatuajes; de ese modo desaparecerán para siempre.

- ¿Y no lo has intentado hacer nunca?- la miré confundido.- Sí... intentar fundirlo y volver a ser humano...

- ¿Por qué querría hacerlo?- ella miró hacia otro lado nerviosa.- Aparte de ser un proceso complicado y que puede costarte la vida encontrar la indigolita, la temperatura de fusión que los dioses crearon para que pudiera fundirse es de 250ºC. Hay que estar loco para ponerte algo así en el brazo... Además- añadí, al ver su cara de decepción-, conozcí a uno que lo hizo en el 1400 y no se volvió a saber nada más de él. Desapareció.

- Vaya... Lo siento mucho.

- ¡No lo hagas! Era un idiota. No me caía nada bien. Si aunque sea le hubiera visto morir con mis propios ojos, hubiera estado más contento.- me miró horrorizada.- Antes, no ahora. - Maggie suspiró aliviada.

- ¿Y por qué no querías verme hace dos semanas? ¿Y fingías que yo no existía?- me quedé sin palabras... No sabía qué contestarla...

- Ehh... Porque temía a que descubrieras mi secreto.- la mentí. Sentía mucho hacerlo, pero hice una promesa a su padre. Además, en cierto modo esa era una de las razones...

- ¿Entonces ya no lo volverás a hacer?- preguntó con gesto precavido. Suspiré.

- No... Esto... Me gustaría preguntarte algo.- mis mejillas adquirieron un tono rosado. Vale. No me importaba lo que había quedado con su padre. De hecho, le demostraría que era una buena persona. Ahora, claro. Y sin hablar de mi pasado.- ¿Querrías salir conmigo?-por un momento Maggie se quedó con la boca abierta, sin saber qué decir. Luego frunció el ceño, y, tras unos segundos mirándome fijamente sonrió.

- Sí, por supuesto que sí.- me volvió a entregar esa sonrisa cálida que no veía hace días, y, sin controlar mis movimientos la besé. Y ella correspondió a mi beso. Sus labios se movían con una sincronización perfecta, al igual que los míos. Ambos necesitábamos tanto ese beso... Ella era una droga; cada vez necesitaba más. No podía dejarla, no importase cuánto me ordenaran hacerlo.

- ¡¡¡Bien!!!- exclamó una voz a nuestras espaldas llena de alegría. Paramos de besarnos rápidamente y nos giramos. Meygan estaba con una cara de felicidad que me asustaba. No se había emocionado tanto desde que cumplió los 1200 años. Me daba incluso hasta miedo. Tan alegre... Maggie estaba conmocionada.- ¡Al fin estáis juntos!- dijo mientras hacía movimientos danzando en nuestra dirección.- Y a ti ya te vale tenerla así hasta ahora.- me miró haciendo un puchero.- Pero me alegro mucho por vosotros.- nos sonrió. Era la primera vez que veía a Meygan sonreír de felicidad por otras personas, y esta sonrisa parecía muy sincera.

- Meygan...- comenzó Maggie avergonzada y con las mejillas rojas.- Gracias... Pero de verdad no hacía falta que v...

- Tonterías.- bufó Meygan con la misma sonrisa.- Es hora de que vosotros dos os vayáis a dar un paseo por esta maravillosa ciudad llamada Eugene.- nos levantó a los dos y nos fue empujando hacia la puerta mientras Maggie protestaba.

- ¿Pero qué le voy a decir a mi padre? ¡Ahora mismo debería estar en el colegio!

- Oh, vamos, Maggie. Ahora técnicamente estarías comiendo.

- ¡Con más razón! Debería estar en casa comiendo con mi padre... si es que no se ha marchado.

- Bah. Maggie, yo hablaré con él si me pregunta por ti.- contestó tajante Meygan, y nos cerró la puerta de la calle en las narices.

Maggie se quedó con la boca abierta, sin poder decir nada.

- Venga, Mag. Vamos a comer por ahí. Pasemos algo más de tiempo juntos.- la consolé abrazándola.

- Sí, pero...

- No hay peros que valgan ahora. Vamos.- la cogí de la mano y la llevé a dar una vuelta. - ¿Tienes hambre?

- Todavía no.

- Entonces déjame llevarte a un sitio.

sábado, 8 de mayo de 2010

Capítulo 32 (Maggie)

I do not wanna be afraid, I do not wanna die inside just to breathe in. I'm tired of feeling so alone. Relief exists, I find it when I am cut... I feel alone here and cold here; Oh, I don't want to die. But the only anesthetic that makes me feel anything kills inside.A fragile frame aged with misery. And when our eyes meet I know you see...I'm not a stranger...No, I am yours; with crippled anger and tears that still drip sore. I do not wanna be afraid and I do not wanna die inside just to breathe in; I'm tired of feeling so numb... I find it when I was cut...

Cut - Plumb











¿Júpiter? ¿Morfeo? Que yo supiera eso eran dioses... Estaba completamente confundida... pero al menos ya sabría la verdad, si no es de la boca de Alec sería de la boca de Meygan.

Fuimos a mi habitación, donde había dejado antes a Alec solo, y lo encontramos hablando con la chica esa... Adara. Me ponía los pelos de punta. Sus ojos daban miedo; de un color dorado con motas violetas y carmesíes en ellos. Y su mirada de superioridad y arrogante. Y su forma de caminar... No sabía quién era, pero definitivamente no era una persona que me gustara tener como amiga o confidente.

Alec, al verme, se tensó por completo, y dedicó una mirada acusadora a Meygan. Después se levantó rápidamente y me cogió por los brazos con delicadeza.

- Esto... Maggie... ¿Se puede saber qué haces aquí?- preguntó.

- Es mi casa.- contesté en un tono seco. Él asintió, pero se notaba que estaba nervioso.

- Ya.. bueno... ¿Podrías dejarnos hablar unos momentos a solas, por favor?- me pidió.

- ¿Por qué quiere verte Morfeo? ¿Y por qué Júpiter quiere verla a ella?- dije señalando con la cabeza a Meygan.

- ¿Qué? No sé de qué me hablas...

- Alec.. Lo acabo de escuchar de Adara...- le reproché.

- Díselo, Alec... Ya sabe la verdad, no tienes por qué ocultárselo... Además, la persona que tuvo la culpa aquí fue Adara.- le consoló Meygan. Adara se levantó enfadada de un respingo.

- ¿¿Que yo qué??- exclamó indignada.- No estás en posición de echar culpas, creada.

- Y tu tampoco. - replicó ella.- Y más cuando sabes que la que se ha chivado a una mortal has sido tú.- Adara la fulminó con la mirada, y a continuación rió.

- Ella no es mortal, querida. Pensaba que ya tenías bastante experiencia en reconocerlos, pero veo que al parecer me equivoqué.

Meygan la miraba echando chispas con los ojos, y Alec atónito. Mientras tanto yo no tenía ni la menor idea de qué narices estaban hablando, porque claro, como utilizaban su jerga, yo no me enteraba de nada.

- ¿No es mortal?- preguntó Alec.- Pero es.. es su hija...

- ¿Ehh?- dije yo, todavía sin enterarme de nada. ¿Yo era la hija de quién? ¿De un mortal? Obviamente. Adara sonrió, mostrando unos dientes blancos perfectos, y mostró también en esa sonrisa unos colmillos afilados y puntiagudos.

- Alec... De verdad hace tanto tiempo que llevas así que me entra la risa. Y a pesar de llevar siglos buscando tu más preciada- hizo un ruidito que califiqué como una risita- alma, sigues siendo el mismo chaval de 11 años que lloraba la muerte de sus padres...

Alec parecía que la iba a matar con la mirada, aunque sus ojos también reflejaban dolor, además de la ira.

- ¿Podéis hablar para que yo os entienda?- les pregunté, queriendo saber de qué narices hablaban.

- ¿Quieres saberlo, Margaret? ¿De verdad quieres?- dijo Adara, con una sonrisa para nada angelical.- Mi deber es castigar al que se lo merece... Y por diversas razones, Alec y Meygan estarán pronto en la lista...

- ¿Por qué?- exigió Meygan desesperada.- ¡¡No hemos hecho nada!!

- No es por lo que habéis hecho... Es por lo que haréis.

- ¿Y qué haremos?- desafió Meygan.

- Contarle a ella la verdad.- Meygan se quedó pálida.

- Sa--sabes que eso es jugar sucio... ¡¡Tú misma has mencionado antes a Júpiter!!- explotó ella, mientras gritaba. - Además, has dicho que no es una mortal...- Adara se encogió de hombros.

- Sí, lo he dicho, pero ella no conoce aún la verdad, por lo que si se lo decís el castigo recaerá sobre vosotros.- Meygan me miró esperanzada. Vale... tenía que poner mis pensamientos en orden... Morfeo y Júpiter eran dioses... Lo que significa que ellos venían del cielo...

- ¿Sois ángeles? ¿O dioses?- ahora me acordaba que Adara había dicho algo como creada.- ¿Creados?- Meygan sonrió aliviada.

- Bien... Me temo que tendrás que aplicarte ese castigo a ti misma, querida, porque gracias a ti ella ya sabe la verdad.- Adara frunció el ceño, pero asintió.

- Vale, os daré el trato. No os castigaré por contarla la verdad.- una lágrima cayó de sus ojos, y al instante siguiente ella explotó, literalmente, dejando en su lugar un charco de agua. ¿Cómo había hecho eso?

- Bien... ¿Podéis explicármelo ahora o no?- pedí con firmeza. Alec murmuró algo como "Por todos los dioses, estamos perdidos..." y comenzó a explicarme la historia.

Capítulo 31 (Meygan)

Honestly what will become of me? I don't like reality; it's way too clear to me... Flames to dust, lovers to friends. Why do all good things come to an end? Travelling I only stop at exits wondering if I'll stay. Young and restless living this way I stress less. I want to pull away when the dream dies; the pain sets in and I don't cry... I only feel gravity and I wonder: why? And the sky was falling on the clouds were dropping and the rain forgot how to bring salvation... And the dogs were whistling a new tune, barking at the new moon, hoping it would come soon so that they could die...

All Good Things - Nelly Furtado








Genial... Alec me había hechado la bronca por mostrarme simpática con Maggie... Pero me alegraba que al final estuvieran juntos, aunque Alec no quisiera admitirlo cuando se lo comenté. Había cambiado mucho en el tiempo que lo conocía, a mejor, por supuesto. Y yo también. Ya no era la misma chica arrogante que adoraba y quería estar con él la mayor parte del tiempo... Creo que todo el mundo puede cambiar.

Y ahora estaba paseando por el jardín mientras observaba el hermoso sol que casi nunca salía, excepto en algunas ocasiones, en Eugene. Hacía siglos que no venía a una ciudad así... Me recordaba a mi familia... Y a mi hogar.

Maggie estaba sentada en un piedra que había incrustada en el jardín, mirando a la nada, sin mostrar ningún sentimiento en su cara...

- ¡Mag!- me acerqué.- ¿Qué pasa?- la pregunté con preocupación. Ella me miró, y me fijé que tenía unas pequeñas lágrimas goteando por su nariz.

- Es Alec.- la última palabra se quebró en su boca.- No sé que pasa... Pero siempre que estamos bien ocurre algo que lo fastidia todo...

- ¿Qué ha ocurrido ahora?- ella volvió a mirar a la nada.

- Sé que tiene secretos que no me quiere contar... Pero es que... es que no sé si esos secretos nos terminarán explotando en la cara dentro de poco...

Probablemente. Como se enteraran los jefes de que Alec estaba saliendo con ella, precisamente con ella, le mataban a pedrazos.

- Mira, Mag, sé que te está ocultando cosas, pero si lo hace es por vuestro propio bien. Porque sino ahí si que no tendríamos escapatoria ninguno de nosotros.- ella me miró con gesto de confusión.

- ¿Tú sabes su secreto?- preguntó con un hilo de voz. Suspiré con hastío.

- Sí, lo sé. Porque en parte también es mi secreto.- se le abrieron los ojos.

- Dímelo, por favor...

- No, Maggie. Por mucho que me duela, no puedo. Son cosas que él en su momento deba decirte...

- Por favor...- puso cara de perro degollado.- Solo una pista pequeña...

- Mag... ¿Qué harías tú si tuvieras un secreto por el que debes tu vida? ¿Se lo contarías a alguien alguna vez? Te costaría hacerlo...- pobre Alec. ¿Cómo le contaría su mayor temor y sentido de vivir a la vez a ella, la hija de la persona que practicamente le condenó a esa maldición?

- En cierto modo le entiendo.. Pero, ¿tan malo es como para ni siquiera menciona delante mía? ¿Que no me dirigió la palabra durante semanas?- era así de malo o incluso peor.

- Te lo contará a su debido tiempo, ya lo verás.- la consolé.

Un luz apareció delante de nosotras... ¡¡Mierda!! No había dicho nada. ¡¡NADA!! No entiendo por qué tienen que enviar a alguien...

La luz fue cobrando la forma de una muchacha humana... Adara. Los ojos dorados no habían cambiado... Ni tampoco su actitud narcisista.

Maggie estaba atónita mirándola. Seguramente la parecería una diosa... cosa que a Adara la agradaría mucho más...

- Vaya... Hola, Meygan...- saludó con una sonrisa triunfal.

- Adara...- dije yo entre dientes. Ella se volvió para observar a Maggie, quien estaba llorando de frustración por la conversación mantenida segundos antes.

- Pero bueno... ¿A quién tengo el placer de conocer? ¿Margaret?- preguntó, a la vez que la tendía la mano en gesto de saludo. Ella no se la tomó. La miraba asustada. ¿Y quién no?- Soy Adara, hija de Nemesis.

- ¿Nemesis?- la había liado... Se había confundido completamente con ella... Ahora ella querría saber más cosas. Mientras yo estaba absorta en mis pensamientos, Adara alzó las cejas de asombro, gesto que solo duró un par de segundos.

- Nemesis: diosa del castigo y la justicia. ¿Eres retrasada o algo?

- No.- contestó secamente Maggie.

- Bueno... Júpiter quiere verte, querida. Hace mucho que no le visitas.

- Júpiter no es mi dueño... - repliqué.

- Créeme que lo es. ¡Oh Se me olvidaba. Morfeo quiere ver a Alexander de nuevo.- miró a su alrededor.- ¿Dónde está Alexander?- me preguntó con una mirada furifunda.

- Dentro de la casa...

Ella desapareció de repente, dejando a Maggie más confundida de lo que en realidad ya estaba. Ella me miró exigiendo una explicación.

- Está bien... Pero el que hable será Alec. Yo simplemente te diré que todo lo que Adara a dicho es cierto...- la avisé en voz alta.- La pobre tiene una boca de oro. No se calla nunca.- añadí en voz baja.

- Pero si él no me lo dice, lo harás tú.- me tendió la mano.- ¿Trato?

Finalmente, y con un suspiro de derrota, la estreché la mano.

- Trato.

jueves, 6 de mayo de 2010

Capítulo 30 (Maggie)

Let me hold you for the last time. It's the last chance to feel again... But you broke me and now I can't feel anything! Oh it tears me up... I tried to hold, but it hurts too much... You can't feel anything that your heart don't want to feel. I can't tell you something that aint real; and I love you a little less than before. Oh and I love you a little less than before! It's like chasing the very last train when it's too late... Let me hold you for the last time. It's the last change to feel again...

Broken Strings - James Morrinson & Nelly Furtado







- Eyy. ¿Qué tal, Meygan?- pregunté yo, devolviéndola el abrazo, a la vez que Alec nos miraba atónito.

- ¿Ves? ¡Te lo dije!- exclamó contenta ella.- ¿Ves como tenía razón?

- ¿Razón acerca de qué, Meygan?- exigió Alec. Ella se puso las manos y salió corriendo, mientras él la perseguía con una cara llena de enfado.

Me tiré en la cama mientras inspeccionaba el techo. De repente, una cara apareció delante de mí. Me levanté rápidamente.

- ¡Lucas!- me alegraba verle. Después de pasar 5 años sin ver su cara de angelito, le extrañaba.

- Mag. ¿Podemos hablar?- dijo él seriamente, tanto, que me hizo fruncir el ceño.

- Sí, por supuesto.- contesté, mientras me sentaba en la cama y le invitaba a sentarse a él también.

- Verás... - comenzó él.- De veras que no se cómo decirte esto... Es algo... Importante.

- Suéltalo, Lucas.- espeté yo.

- Vale. Sé que te va a molestar que te diga esto, pero...

- ¿Pero?- le instaba a continuar. Ya estaba con el gusanillo. Me había dejado intrigada.

- Mira... Antes de plantearte salir con Alec, deberías... saber algunas cosas de él, que, por supuesto, él debería haberte contado.

- Ya... ¿Y qué tipo de cosas debería saber?- inquirí enfadada.

- Eso no está en mis manos decírtelo.

- ¿Entonces por qué me estás diciendo esto?- repliqué con enfado.

- Porque sé que tarde o temprano acabará haciéndote daño, Mag...- dijo desesperado.- Tú... No sabes nada acerca de este tipo de cosas... Tu padre te ha mantenido alejado, lo que me parece bien... Pero llegará un momento en el que te tendrán que decir toda la verdad, y ahí será cuando encuentres verdaderos problemas...

- ¿Qué has dicho?- le pregunté con un gesto de incredulidad.- Lucas, repite lo que acabas de decir.

- ¿El qué? ¿Que sufriras más que en toda tu vida más adelante a cuenta de tu relación con Alec? Pues s...

- ¡No! ¡Maldita sea! ¡Lo otro!- chillé. Él me miró sorprendido, incluso yo misma estaba sorprendida de mi comportamiento con él. Había sido mi mejor amigo durante toda la vida... ¿Cómo había llegado a este punto?

Él me abrazó, y fue entonces cuando comprendí que estaba llorando.

- Mag... No te digo esto con mala intención... lo único que quiero es protegerte... Nada más.- me susurró.

- Lo siento mucho...

- Intenta hablar con él.- me aconsejó, se levantó y se fue

Genial... Más secretos... ¿Por qué todo el mundo me ocultaba cosas? ¿Por qué simplemente no confiaban en mí y me lo decían? Bien... Pues iba a hablar con Alec para que me contara su secreto...

Y estaba de suerte... Alec entró a la habitación con cara de enfado, pero al verme, hizo una sonrisa forzada.

- ¿Estás mejor?- preguntó mientras me abrazaba.

- Alec... ¿Qué me ocultas?- noté como se tensaban sus brazos. Él se separó y me miró con cara de sorpresa.

- ¿Qué te oculto? Nada, Mag. No hay nada que debas saber...

- ¿Y que no debo saber, Alec?- repliqué.- Odio esto... Un día eres agradable conmigo, y al día siguiente es como si no existiera; me ignoras, me evitas... No te entiendo... ¿Es esto un juego o algo así?- le miré con desasosiego.

- No, no, esto no es así... Siento no poder explicarte algunas cosas, pero...

- ¿Pero qué? ¿Me vas a ocultar más cosas?- repuse.- Necesito pensar...








Siento no haber publicado antes, pero es que estaba mala. Espero que os guste este cap (comentad, plis). El próximo creo que lo contará Meygan, y también creo que ya van siendo hora de revelar algunas cosas... Y de poner más misterio al asunto ^^


Espero que os guste.


Os adora,


Rose.Twi


miércoles, 5 de mayo de 2010

Capítulo 29 (Maggie)

And when you left you kissed my lips. You told me you'd never ever forget these images, no... Goodbye, my almost lover; Goodbye, my hopeless dream. I'm trying not to think about you. Can't you just let me be? So long, my luckless romance. My back is turned on you... Should've known you'd bring me heartache? Almost lovers always do... I cannot wake up in the morning without you on my mind. Did I make it that easy to walk right in and out of my life? I never want to see you unhappy, and I thought you'd want the same for me...

Almost Lover - A Fine Frenzy








¿Quién era él? ¿Por qué había dicho que quería quedarme un día más? ¿Qué ha pasado dentro de mi mente que me esté haciendo dudar? No entendía nada... Soy la princesa Margaret Quinn... Nada me hace dudar; y menos alguien de su calibre.

Sin embargo, había algo en mi interior que me decía que esto era una simple pesadilla y que pronto despertaría... Pero aún así, este sueño me asustaba. Mi cuerpo se movía solo, sin recibir ni hacer caso a las órdenes que mandaba mi cerebro... Era como... como si alguien lo controlase. Tenía movimientos coordinados.

A pesar de que Ethan se encontraba a mi lado, no me sentía cómoda con su apariencia. Ni yo con la mía... ¡Maldita sea! Yo no puedo estar pensando esto ahora mismo. Simplemente no puedo...

- Princesa, su habitación está lista.- dijo después de un largo tiempo que llevábamos en la estancia sin hablar.

- Gracias, Ethan. De verdad, gracias...

Me subí y me aseé; me quité todo rastro de maquillaje de la cara, y la orquilla del pelo, además del vestido, claro está.

Al terminar de darme un largo baño de burbujas, me fui a ponerme el pijama. Era un camisón de seda rosa que casi no llegaba a los muslos acompañado de un pantalón bastante corto que iba a juego con la camisa. A pesar de estar en febrero, las sábanas abrigaban bastantes.

Iba a meterme en la cama para poder dormir tranquilamente, pero algo resonó en el balcón que había enfrente mía.

¿Qué era? Me acerqué a mirar... Y no era qué, sino quién. Era el chico que vi cuando me desperté de aquel lugar. Me hizo señas para que abriera la puerta, y yo, como muy tonta, le hice caso y la abrí de par en par.

Él entró corriendo y cerró con cerrojo la puerta de mi habitación y me tapó la boca con sus manos con delicadeza.

- Por favor, no grites...- susurró mirándome apenado. Fruncí el ceño. Parecía como si me conociera de toda la vida.

- ¿Quién eres?- pregunté, apartándole la mano.

- Alec... Alec Noestly. Soy la persona con la que habías bailado esta noche... ¿No me recuerdas?

- No.

- Por favor... - me suplicó.- Recuerda...

- No tengo nada que recordar.- le espeté. Él me miró con tristeza.

- Mag...

- Margaret.- le corregí.

- En serio... Necesito que recuerdes. Mira...- empezó a pensar.- Me conociste en el colegio, y estuvimos en una fiesta juntos... Después te llevé a una feria y te salvé de un accidente con tu atracción favorita... Más tarde nos besamos... Y después nos tocó juntos en física... Bailamos juntos... - parecía desesperado. Una lágrima cayó de sus ojos en mis manos, y entonces un dolor atroz me recorrió el pecho.

Se llamaba Alec... Y recuerdaba con toda claridad esos momentos vividos ahora mientras algo invisible me perforaba el pecho. No sabía qué pasaba... Me hice un ovillo y cerré los ojos y comencé a gritar desesperada y asustada. ¿Por qué esto me pasaba ahora a mí?

- ¡¡Mag!! Necesitas agua...

- ¡¡No!!- grité yo entre jadeos. Estaba sudando. Las manos me ardían... En realidad, todo el cuerpo me ardía... Y yo no podía hacer nada para evitarlo.

Oía a personas entrar en la habitación, pero me dolía demasiado el cuerpo y el pecho como para prestarles atención a lo que decían...

Alguien puso en mi boca un líquido de olor salado y amargo y me dijo algo como "Bebe". Le hice caso.

Minutos después de beber esto solo sentía un pequeño escozor en la espalda, pero el dolor había desaparecido.



Abrí los ojos, y lo que me encontré me sorprendió bastante. Estaba en mi habitación. Me acordaba malamente de lo que había pasado antes de que me durmiera, y tampoco sabía quiénes eran las personas que me habían ayudado.

A la altura de mis rodillas se encontraba Alec durmiendo placidamente. Parecía un ángel recién salido del cielo... Eran tan hermoso... que me dio pena despertarlo. Intenté levantarme sin hacer mucho ruido, pero él al mínimo movimiento abrió los ojos rápidamente y me miró sin saber qué decir.

- Alec... Buenos días.- dije yo.

Él me abrazó en el mismo instante en que yo pronuncié la palabra días. Era un abrazo tan... sincero. Cuando se separó me miró a los ojos y sonrió.

- ¿Cómo te ecuentras?- preguntó mientras me acariciaba la cara con las manos.

- Bien... ¿Qué ha pasado?

- ¿Como... No... no te acuerdas?- balbuceó.

- Malamente. Recuerdo que no podía controlar mi cuerpo... y después que éste comenzó a dolerme.

- Ya ha pasado todo... Ya estás bien. Eso es lo único que importa.- me abrazó de nuevo.

¿Por qué estaba tan contento? ¿Había pasado algo? Él me miró durante un largo rato.

Lentamente, se fue acercando a mis labios... Y finalmente me besó.

Al principio lo hizo con delicadeza, pero a medida que el beso se alargaba, éste se volvió fiero. Los dos estábamos tan sumidos en el beso, que ni siquiera oímos cómo una persona entraba por la puerta de mi habitación. Nos separamos lentamente y finalmente miramos a la persona que había entrado.

- ¡¡Mag!!- gritó Meygan llena de alegría, y corrió a abrazarme.- Me alegro muchísimo.

lunes, 3 de mayo de 2010

Capítulo 28 (Alec)

I can't keep up, and I can't back down.I've been losing so much time...Cause it's you and me and all of the people, with nothing to do, nothing to lose. And it's you and me and all of the people and I don't know why, I can't keep my eyes off of you...All of the things that I want to say just aren't coming out right. I'm tripping on words, you got my head spinning and I don't know where to go from here Something about you now that I can't quite figure out...


You and Me - Lifehouse






¡Dios! Sus labios eran como una droga para mí. Y como todo momento bueno siempre tiene que ser fastidiado, este no iba a ser menos. Cameron separó de mí a Maggie mientras la miraba con una mirada envenenada. Si las miradas mataran... ella habría muerto en un solo segundo.

- ¡Alec, cielo!- exclamó con una fingida alegría, al igual que su sonrisa.- ¡Me prometiste un baile!

- ¿Y no te puedes esperar?- la pregunté secamente mientras miraba a Maggie, quien no sabía que hacer o decir.

- ¡No!- gritó ella, provocando que la mayoría de la gente dejara lo que estaba haciendo para mirarnos.- ¡¡Me lo debes, Alec!!

- ¿¿¡Que yo te debo qué!??- axclamé enfadado. Maggie se movía con nerviosismo.

- Bueno... esto... creo que yo os dejo solos...- iba a irse, pero Cameron la cogió del brazo fuertemente y la dejó en la posición en la que estaba antes. Ella hizo una mueca de horror, y yo pude ver la marca de las manos de Cameron grabada en su blanca piel.

- ¡¡No!! ¡¡Tú te quedas!! ¿Me puedes explicar qué es lo que estabas haciendo con esta pequeña "looser"?- preguntó con incredulidad.- Ya me tienes a mí, no entiendo por qué no me haces caso.

- ¿Quieres saberlo, Cameron?- grité lleno de ira.- Pues bien, te lo diré. Eres una pesada y quiero que cortemos. Simplemente es eso. Prefiero no decir todo lo que quería, porque si no te aseguro que acabarías peor de lo que ya estás.- ella fulminó a Maggie con la mirada.

- ¿¿¿¡¡Es por ella!!???

- Sí. ¿Algún problema con eso?- Maggie se quedó de piedra.

- Me las vas a pagar.... - replicó entre dientes ella, y se fue corriendo.

La gente volvió a dedicarse a sus propios asusntos, aunque todavía había algunos que nos miraban atónitos...

- Maggie, yo...- me acerqué a ella y la tomé de la mano.

- ¿Sí?- me animó a continuar.

- Lo siento. No debí haber dicho eso. Pero Cameron me pone de los nervios... - ella me miró dolorida, pero después intentó hacer un amago de sonrisa.

- No, tranquilo. Lo... lo entiendo per--perfectamente. Bueno me... me tengo que ir... - vi como una lágrima asomaba sus ojos, pero se marchó rápidamente.

- ¡¡Mag!!- grité, pero era demasiado tarde; desapareció corriendo al jardín. La seguí. No podía dejarla así. ¡Maldita sea! ¿Por qué la dije eso?

Al salir la encontré tumbada al lado de un árbol.

Las lágrimas habían desaparecido. Ella se dio media vuelta y se colocó dándome la espalda. Tenía un tatuaje de una mariposa... La marca...

Ella abrió los ojos... Ahora no los tenía verdes con matices grises, sino que había más gris en ellos, mezclados con ámbar.

- ¿Qué a pasado?- su voz era más segura que anteriormente, y me miraba como si no me conociera.- ¿Quién eres?- me quedé paralizado.

- ¿No sabes quién soy?- pregunté con precaución. No podía haber pasado... Simplemente no podía...

- No.- se levantó con elegancia.- ¿Dónde estoy?- preguntó mirándome fijamente. Ahora que la veía mejor, había perdido color...

- Estás en Eugene, Oregon.

- ¡Princesa Margaret!- gritó alguien a nuestras espaldas. Ella le sonrió complacida.

- ¡Ethan! ¿Qué haces aquí?- le abrazó cariñosamente.

- Llevarte de vuelta.- la sonrió.- Te están esperando en casa. Tus primos, tu hermano...

¿Su hermano? No sabía que Maggie tuviera un hermano.

- Es genial. Tengo que hablar con mi padre...

- Tranquila- la interrumpió él.- Le he llamado. Estará mañana en casa.

- Me agrada que padre esté... - sonrió complacida.- ¿Nos vamos ya?- preguntó con nerviosismo.

- ¡¡Ehhh!! ¡Para el carro un momento!- exclamé yo, interopiéndome entre Mag y Ethan.- ¿A dónde te la llevas?- sus labios hicieron una sonrisa ladina.

- A su verdadero hogar...- dijo mientras me apartaba con el brazo, cogiendo su mano con delicadeza. Ella dudó.

- ¿Podríamos quedarnos esta noche en mi casa?- preguntó. Él la miró con los ojos como platos.- Sí, ya lo sé. Sé en qué estás pensando... Pero antes de irme me gustaría visitar California.- al ver que él no decía nada, ella se lo aclaró.- Sí, California. Han hecho canciones con ese nombre. Ya sabes, ¡California... Allá vamos!- dijo esto último cantando la cancion de Phantom Planet. Él siguió con la misma expresión.- Oh, vamos, por favor.... - bufó estresada.- Sé que en palacio es difícil escuchar ese nombre... ¿¿Pero ni siquiera se ha mencionado??- exclamó incrédula. Él se lo pensó durante unos segundos.

- Está bien. Pero solo durante una noche.

Él la tomó de la mano y la fue conduciendo hacia la salida del colegio, pero ella antes me miró con el ceño fruncido. Después apartó la mirada y se fue con Ethan, mientras charlaban y reían de cosas estúpidas.

Así que estaba hechizada... Vamos, esa era la única forma que se me ocurría de que no se acordara de mí. Y solo se quedaría una noche más aquí. Era mi última oportunidad de recuperarla. Y la liberaría... Aunque fuera lo último que hiciera en esta vida...